Mi madre siempre dice que lo más importante es la educación, así que antes de avanzar más, tal vez sea necesaria una pequeña introducción. Me presento ante vosotros con el nombre de “Animal ilustrado”, con ello -con este nombre- quiero llamar la atención sobre dos cosas. Primero, un hecho básico, los humanos somos animales, una especie animal entre otras. Segundo, una declaración de principios: los ilustrados. Por ello, hoy quisiera hablar sobre la Ilustración.
La Ilustración recibe su nombre en referencia a la identificación clásica de razón y luz, presentándose como algo que ilumina. El siglo XVII era un sitio difícil para vivir: plagas, enfermedades, pobreza, absolutismo, ausencia total de libertad, política, religiosa, sexual… Y en este ambiente, surgió la Ilustración: pensadores que creyeron que otro mundo era posible. Pensadores que desafiaron la creencia ancestral de que todo estaba determinado para siempre. Nuestras normas, nuestras leyes, nuestros gobiernos, no reciben su fuerza de dios o de la tradición; somos nosotros los que decidimos. Los ilustrados quieren aportar luz, sacar a la humanidad de la oscuridad.
Para ellos estaba claro cuál era el problema, aquello que había llevado a la humanidad a vivir en sociedades crueles e injustas. Los ilustrados sabían contra qué debían luchar, quién era su enemigo: la ignorancia. Los prejuicios, la superstición, las religiones, la tradición. Los problemas de nuestro mundo tienen su raíz en el estado de ignorancia en el que vivimos. Pero los ilustrados creían en el progreso, creían que el cambio es posible y que ellos podían hacer algo para llevar a cabo ese cambio: la solución está en la razón. Pensemos, cuestionemos, argumentemos y no estaremos más bajo el control de otros.
“Atrévete a pensar” era, según Kant, el lema de la Ilustración. No te conformes con lo establecido, con lo que te han dicho, con la tradición; cuestionalo todo. Cuestionar todo y quedarse con aquello que se sostenga racionalmente, en eso consiste la duda metódica de Descartes, que se puede considerar el punto de arranque filosófico de este movimiento. Las injusticias se mantienen por acatar la autoridad, por los prejuicios, las mentiras de monarcas, gobernantes y religiones, que mantienen al pueblo en la ignorancia. Pero si somos capaces de hacer que la gente piense por sí misma, todas esas mentiras perderán poder. Querían que los siervos se convirtieran en ciudadanos; que las personas salieran de la minoría de edad, que fueran capaces de guiarse a sí mismas.
Hoy, siglos después, podría decirse que la Ilustración todavía no ha cumplido sus objetivos, sigue habiendo prejuicios, supersticiones, falsos ídolos brillantes. Algunos dicen incluso que fracasó, dicen que una mayor racionalización no fue capaz de prevenir, por ejemplo, los campos de concentración del siglo XX, que tuvieron lugar en la época más educada de la historia. Es cierto, los campos de concentración suponen una racionalización en la forma de matar. Eficiencia asesina, podríamos llamarlo. Algo hay de verdad en esa afirmación, no todos los usos de la razón suponen un avance para la humanidad.
Sin embargo, que haya malos usos de la razón no invalida la premisa ilustrada: la mejora del mundo pasa por cuestionarse lo establecido, por poner en duda, por no aceptar lo establecido o lo tradicional sin una crítica previa. De aquí han salido todos los movimientos de liberación de los últimos siglos: aquellos que cuestionaron que los negros eran inferiores a los blancos, los que pusieron en duda que el lugar de la mujer estuviera en la casa, los que negaron que la homosexualidad sea una aberración, un pecado, o una enfermedad. Los movimientos mencionados no han conseguido aun los objetivos que buscan: racismo, machismo o homofobia no son, desgraciadamente, fantasmas del pasado. Para que la Ilustración se cumpla hemos de avanzar en la universalidad de derechos y la igualdad ante la ley de todos y todas.
Estos movimientos de liberación no fueron comenzados por los autores ilustrados, pero el germen de su nacimiento estuvo en la Ilustración, que argumentó a favor del progreso, del cambio, de la crítica racional de lo establecido. Cuyos valores fueron la igualdad, la universalidad, el conocimiento racional. La raíz de estos movimientos está en la Ilustración. Y el cumplimiento de la misma está en ellos. Pero sólo con ellos no será suficiente. Los valores de igualdad y universalidad que defendían los ilustrados, para ser reales, han de extenderse a todos los seres que los necesitan. Todo aquel que sufra, que esté desamparado, ha de estar protegido por medio de derechos. Por eso han existido movimientos de liberación en los últimos siglos, y por eso existe un movimiento de derechos animales. Todos los animales merecemos derechos, porque todos los animales los necesitamos.
De esta forma, el movimiento de liberación animal es parte integrante de la corriente ilustrada. Creemos que el mundo, las sociedades humanas, pueden avanzar moralmente. Creemos que podemos ser mejores, más éticos, más empáticos. La ciencia nos dice que los humanos también somos animales y que todos los animales sentimos por igual. El dolor de una vaca es igual a mi dolor, también lo son su capacidad de disfrutar y amar ¿por qué ha de valer más el mío que el suyo? Si ambas somos animales, si ambas sentimos emociones ¿no deberíamos ser igualmente consideradas?
Yo os diré en una palabra la causa de esta injusta diferencia: especismo. No somos igualmente consideradas porque vivimos en un mundo cargado de prejuicios, porque el especismo se encuentra hasta en la más simple de nuestras expresiones culturales. La explotación de inocentes siempre necesita una ideología que la sostenga, es así con los humanos, y es así con los animales no humanos. Si queremos que acabe la explotación, hemos de luchar contra la ideología que la sostiene. Y si queremos ser realmente libres, hemos de luchar contra la explotación, sea contra quien sea. Mientras seamos prisioneros del prejuicio especista, también nosotros seremos opresores.
Para mí, ambas luchas están irremediablemente unidas. La Ilustración, para cumplirse, necesita que los animales sean liberados, porque sin su liberación los ideales ilustrados serán traicionados. Universalidad, igualdad y libertad sólo tienen sentido si aplican a todos los seres para quienes son relevantes. La liberación animal necesita de la lucha contra la irracionalidad, porque en ella se hace fuerte el especismo. Allí donde haya prejuicios, supersticiones, creencias ciegas, seguirá habiendo desigualdad y opresión. Por eso, este blog nace con la intención de tratar ambos temas, que son, a mi parecer, inseparables.
La oscuridad en la que viven los animales en los centros de explotación es literal: hacinados en lúgubres habitáculos, privados casi siempre de la luz del sol. La oscuridad en la que vivimos los humanos es metafórica: cegados por las falsas creencias, incapaces de ver el enorme sufrimiento a nuestro alrededor. Sin embargo su consecuencia es la misma: el enorme sufrimiento de los animales no humanos. Nuestra lucha es contra ambas, porque sólo así conseguiremos su liberación.